
Pero les cuento hijos míos, que aquí no comienza la historia, sino que sus inicios se remontan a tiempos muy lejanos.
Cuando Ilúvatar otorgó a los Ainur la Llama Imperecedera, les dio una morada en el vacío y les enseñó a cantar. De esta música surgió Eä, el Mundo que es. Melkor era el único Ainur que cantaba con discordia y rabia y cuando fueron llevados a Arda, se encargó de sembrar el mal y de destruir todas las buenas obras que hacían los Valar. Sin embargo, su daño no quedó impune. Fue castigado y posteriormente muerto. No obstante, habría alguien que seguiría sus pasos.
Sauron, discípulo de Melkor, se preocupó de reunir tropas de orcos, bestias y las más malvadas criaturas para lograr sus fechorías.
Durante la Primera Edad del Sol, Sauron permaneció escondido, ideando planes en contra de los seres de la Tierra Media, pero nada fue extremadamente grave comparado con los eventos que sucedieron a continuación.
Se dice que en la Segunda Edad del Sol, cuando Sauron ya estaba listo, edificó su torre en Mordor y creó el Anillo Único. Devastó tierras, asesinó hombres, creó los Nazgûl, libró batallas con los elfos y encarceló a millares de ellos.
Un día de primavera o tuilë, según el idioma quenya, un grupo de elfos caminaban por el Bosque de Artanor, donde alguna vez estuvo la morada del Rey Tinwë Linto y su esposa Gwendeling. Como muchos otros, estaban solos y perdidos, buscaban encontrar a otros de su misma raza que formaran la resistencia al maligno poder de Sauron. En el grupo iban cuatro elfos guerreros, dos mujeres y sus tres niños pequeños.
Hasta hoy no se sabe sus nombres a excepción de uno.
(Continuará...)
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