Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 26 de abril de 2011

Niëli, El Engendro de la Muerte (5)


Como han aprendido niños, el Señor Oscuro tenía muchos poderes. No sólo podía invocar a espíritus menores, llamar espíritus malignos, crear ilusiones y modificar la realidad y la naturaleza, entre otras cosas, sino que también, podía engañar a los demás, adoptando la forma física que quisiera.

Así fue que, una noche, tomando la figura del esposo de Malievä a quien tenía por esclavo, Sauron se dirigió a sus aposentos lleno de furia y deseo, para engañarla.
Malievä, pensando que su amado había venido a sacarla de la Torre, no opuso resistencia.
Tiempo después… habría de nacer, Niëli.

Cuando Maliëva se percató del artificio, se odió a sí misma por no haberse dado cuenta de que su fantasía era demasiado idílica para ser cierta. Pero quiso sin duda morir, al descubrir que estaba embarazada. Durante ese período, Maliëva procuró atentar contra su propia vida, sin embargo, había sido protegida por poderes tenebrosos.
Al nacer el bebé, Malievä lo llamaría el Engendro de la Muerte.

Satisfecho de haber cumplido su deseo, y de haber obtenido aquello que se le negaba con tanto ahínco, Sauron ganaba una vez más. Eso lo fortalecía, y le demostraba que para él no existían los límites ni la falta de poder. Respecto de este hijo, no quería tener ninguna relación con él. No quería ser padre, no sabía cómo. Quería ser el amo de la Tierra Media. Para eso había sido educado. Nada más.
De esta forma, entregó el niño a los cuidados de Ingwethil, un servidor oscuro. Malievä cayó enferma, su cabello se opacó, su piel envejeció y la herida de haber dado a luz fue siempre su condena. Aún así, no murió.

(Continuará...)

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