
Cuando finalmente Niëli desató su furia, Gondor estaba desprevenida y no contaba con mucha ayuda. La mayoría de los elfos se habían marchado ya, Rohan estaba a leguas de distancia y para qué mencionar a los hobbits y enanos que habitaban aún más lejos. Los hombres sólo podían confiar en ellos mismos, en su valentía, sus propias habilidades y su rey.
Niëli envió orcos, trolls, huargos, cuervos, y las más horripilantes criaturas, a saquear las ciudades y a destruir todo cuanto pudieran. También intentó invadir Osgiliath, del mismo modo que lo había hecho su padre, pero Eldarion fue más fuerte y poderoso. La sabiduría de sus ancestros le habían mostrado a Eldarion, que Osgiliath era un centro muy importante para ser perdido de vista, por lo que año tras año fue haciéndola crecer en defensa y fortificación.
Gracias a esto, y a las diversas estrategias y recursos empleados por Eldarion, Niëli fue vencido en innumerables batallas. Sin embargo, todo tenía su tope. Las tropas de Niëli eran innumerables y Gondor ya estaba cansada de tanto resistir. Además, él nunca pensaba en la posibilidad de rendirse. Triunfaría a toda costa.
En el año 340 de la Cuarta Edad la muerte rodeó las grandes puertas de la Ciudad Blanca. Una batalla que quedaría siempre en el corazón adolorido de los hombres, acabó con la vida de centenares de niños y mujeres, comerciantes, herreros, ancianos y soldados. Nadie pudo evitar la fatal masacre. Debido a la sangre derramada y al llanto de su pueblo, se le llamó “Rojo Amanecer en el Cuerno Blanco que Llora”.
Durante la mañana de ese día, Niëli reunió su negro poder y se enfrentó a Eldarion. Ambos ejércitos lucharon a muerte, con garras y rabia, el aire de pronto se hizo denso, los latidos en la cabeza no cesaban, el pánico recorría cada cuerpo y el sudor de la batalla se notaba en los rostros afligidos.
La tierra sufría con cada espada caída, con el dolor, los gritos de la gente y los escudos hechos pedazos. El sol se hizo oscuro y pequeño, y dio paso a la salida de inmensas nubes. Eran formas aterradoras de color rosa y gris, las cuales hacían pensar, que el combate se había desatado en el cielo.
Luego de varias horas de intensa disputa, Niëli tuvo que retirarse porque Eldarion, con gran astucia, encerró a sus oponentes y redujo sus fuerzas. Para el atardecer, se hablaba de trescientos muertos y doscientos cincuenta heridos, entre los cuales estaba Eldarion, pero nada de gravedad.
Gondor quedó sumergida en el silencio y en la nostalgia, se realizaron los ritos fúnebres de los abatidos y se inició la fortificación de la ciudad, para un siguiente ataque.
(Continuará...)
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