¿Qué es lo realmente valioso de la vida? A veces los conceptos y las ideas se vuelven tan confusas, incluso frágiles en su planificación. Se nos enseña a mirar el futuro con proyectos, a esperar cosas de la vida, de las personas, incluso de uno mismo. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál es la cuota necesaria de realidad? ¿Existe? ¿Es necesaria en verdad? Sólo la gente enfrentada a la muerte logra percatarse de que un mañana no tiene sentido sin un aquí y ahora. Soy y existo en el mundo ahora. ¿Qué es lo que realmente necesito hoy? ¿Qué quiero para mi hoy? En algunas ocasiones, las preguntas ya no son las mismas y el futuro tiene un tinte de sepia, lejano. Parece distante y vago, junto a cada una de esas semillas que significaban un deseo, una aspiración de quién yo quiero ser en diez o veinte años más. Junto a cada una de las ideas que uno quería para sí mismo en la vida. Junto a cada una de las experiencias que nos llevaron a imaginar y construir el yo del presente. El árbol ha crecido. ¿Hacia dónde? Cuando escuchas que para algunos todo cambia en diez segundos o menos, cuando ves que no siempre hay un mañana, ¿cómo proyectarse sin pensar que se oye muy tonto? Cómo no preguntarse si esas cosas que hemos abandonado pensando no sólo en el presente, sino en su eficacia y durabilidad en el futuro, fue inútil y estúpido. Cómo no preguntarme, si dejé ir, lo que más quería en esta vida.

1 comentario:
Lindo texto
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