Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 22 de mayo de 2012

La naturaleza de lo previo

Saltando, cantando, vistiendo a la sombra en la espalda, desnudándome de a ratos, dejándolo todo en la lluvia, en el cuarto de negro. Y otra vez, cruzando el umbral y saliendo a caminar a la calle. Pasan los semáforos, avanzan las horas, los días, las luces. Y se hace difícil sentir el romance, sentir las relaciones con cariño, con afecto, cuando las sombras asechan. Indecisiones, muchas dudas, separación. Se busca el cielo sin pensar que de por sí ya es una fantasía. Se baila y se camina, a veces se escapa. ¿De qué? Del sí mismo entrampado en las mismas maneras, en los hábitos, en esas formas que responden a formas previas, a desiertos tórridos, dolientes. ¿Cómo no sentirme demasiado en las brasas del titiretero? ¿Cómo despojarse de esos hilos invisibles que articulan a su antojo, que influencian las mareas, su espuma y su sal? A veces se logra desnudarse, sentir pequeños atisbos de paz, de amor con uno mismo, como libre de ataduras e historias, y a otras, como si nunca pudiese salir. Sin importar los intentos de canto, los esfuerzos por bailar, el espacio se achica cada vez más y la posibilidad de quedar encerrado para siempre, es más fuerte, más desgarradora. Y al final, ¿qué queda? Se vive con soledad aquellos instintos de huida, pues las persecusiones sólo generan tentativas de distancia, del ego, del todo, del mundo. Sin importar qué haga, ni cuanto quiera diferenciarlo de mi, o verlo como sin añadidura, la naturaleza, lo previo, lo ancestral, el mito y sus conflictos, lo arcaico, terminan por pisarme los talones, por decirme quién soy. 

No hay comentarios.: