Ayer descubrí otra cosa. Fui capaz de verbalizar que no sé si quiero o puedo perdonarlo. Es tanta la carga emocional negativa que me genera, que la mayor parte del tiempo estoy esperando que lo peor ocurra. Que en algún minuto, Dios se apiadará en cierta medida de nosotros, como para darnos un respiro finalmente. Se hará cargo de aquello que nosotros nunca pudimos. Nos quitará un peso que nosotros nunca fuimos lo suficientemente valientes, astutos o drásticos de quitar. Le maldigo. Y sí deseo que cosas malas le sucedan. Lo sé, suena terrible. Y todos esos sentimientos me hacen sentirme la peor persona de la tierra. No culpable por tener esos pensamientos, pero sí mal de tener todo ese espacio oscuro dentro de mi malgastado en algo que no vale la pena y que no tiene ningún sentido. Me gustaría poder renunciar a ellos. Sacarme este veneno y así poder acceder a esa maravillosa capacidad de los seres humanos de perdonar, sin embargo, no es algo con lo que puedo lidiar ahora. Descubrí que reconocer esa humildad y esa instancia en el tiempo en la que me encuentro, ya me hace sentir un poco más digna.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario