Faltan tantas explicaciones para tantos episodios de mi vida. De hoy, de ayer, de lo que vendrá. Entender las razones del por qué suceden, o más bien, para qué. Poder darles una lógica que le otorgue sentido, y que así, no parezcan situaciones desafortunadas, sino el universo destinado a crear algún tipo de prueba, tarea, o qué se yo. Dejar de mirarlas como producto de algo que he hecho mal, como especie de perjurio a mi persona. Y pasar en cambio, a la paz y la aceptación. Cada uno carga con determinadas cruces. El tema es que se hace difícil y pesado llevarlas si no se sabe para qué caminamos con ellas. El desconocimiento generalmente produce desazón, rabia, frustración o tristeza. Y esos sentimientos sólo conducen a un círculo perpetuo de preguntas sin respuestas y reclamos constantes. Faltan tantas explicaciones. Hay tantas cosas que no logro entender. Y mientras tanto, me muevo de la rabia a la desesperanza, y viceversa, en esta línea de la vida que me parece profundamente incomprensible.

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