Hace muy poco, le escuché a una persona preguntarse, ¿hay un límite para sentir pena? ¿Una barrera? Algo así como que si la atraviesas, la tristeza desaparece. Y la verdad, me quedé pensando en eso. ¿Existe realmente un tope? Algo que me de la certeza de que después de un tiempo, algo podrá mitigar mi dolor. Creo que la única respuesta posible es: vivir un día a la vez. Dicen que esa es la clave para no caer en la tormenta. Para poder mirar el cielo con una pequeña cuota de esperanza. A veces está nublado, con tendencia a la lluvia. Y luego de unos minutos, se asoma un diminuto rayo de sol. De ese hay que afirmarse, con garras, puños y todo. Si logro sonreír al menos una vez, pensar en una cosa positiva, y detenerme a admirar la belleza del mundo aunque sea unos segundos, significa que habré dado el primer salto para pasar al día siguiente. Habrá terminado un día para comenzar otro. Me habré llenado de energía para superar cualquier cómo.

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