Se desprende un sueño vago. Destapa el corcho de la melancolía y deja salir un tinte de incredulidad en la copa. Lo bebe, hasta el último sorbo. Se desviste completamente. Permanece semi consciente. Difícilmente concilia alguna cosa, menos, el descanso tranquilo. Tantos pensamientos en esas rodajas de cáscara, no de cualquiera, de naranja. De afuera hacia adentro, en vorágine. Cada burbuja en su recóndito espacio introduciendo alguna que otra sílaba. Cero explicaciones. Escasa confianza. Verdades amargas en abundancia. Se pinta los labios de rojo. Otra vez. Por si acaso llega. La hora, el desierto o la interperie. Quizás, la farsa.

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