Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 11 de noviembre de 2011

Sunny day

Sunny day. De esos donde todo florece. Incluso las letras, en maceteros de arcilla pintada. O talvez, con mayor razón, las poesías. Sale tinta de los dedos como navío en oleaje. La música agrega el sepia. La forma de las nubes, el sabor y las texturas. Echo de menos esa mezcla de caramelo y algodón de azúcar. Esa que conocía tan bien. Y ahora, sentada en el jardín, siento ese olor que adoro, el pasto recién cortado. Había olvidado lo que era sentarse a mirar el sol y soltar el puño, dejarlo libre. Andar sin zapatos, y sentir la humedad bajo mis dedos. Esa sensación sin nombre, de just being. Estar en un lugar con cuerpo y mente. Centrado. En serenidad. Sin ningún pensamiento. Había olvidado lo que era correr en el pasto. O quizás, no me había dado el tiempo para volver a disfrutarlo. En su humilde sencillez y belleza. Correr con la sonrisa en el rostro, en el hígado. Bailar y dejar cualquier peso innecesario. Sentir el aire seduciendo a la única flor que siempre he sido. El cielo en calma, las palpitaciones pacíficas. Si tengo que soltar, aprenderé a hacerlo. 

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