Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 12 de noviembre de 2011

Que decida la aurora

Un hada esperaba sonriente. La estela de plata, el amanecer del cisne. Se sentaba frente al lago mirando la eternidad de las magnolias, la suavidad de su rocío. Un sorbo de recuerdos. Un toque de ansias. El debate entre ser y hacer lo correcto. ¿Quién ha de ganar? Es difícil la pregunta, pero no más que aceptar la encrucijada y enfrentarse a ella. Sube una tempestad desde sus dedos y a través de su traje de brillantes. Apoderándose de todo, de cada fragancia del bosque. Le dibuja una odisea. Y entonces, estalla la energía, endulzando su rostro, tiñendo sus labios de rojo. Abraza la luna. La observa desde lejos con diminutas estrellas en danza. Sigue esperando, sonriente. Que se decida la aurora. Que avance el porcentaje necesario, y así, no tener nada a qué resistirse. No tener pretexto ni excusa. Sólo el vuelo, gentil, amable, al tacto y con alevosía. 

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