Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

domingo, 11 de mayo de 2008

Extraversión al mundo


Una niña pequeña habitaba en un cuerpo de grande. En una falda de mujer y zapatos de tacón. Ahí se había querido quedar, resguardándose del mundo, aprendiendo aún a caminar. Y mientras componía sus rizos en trenzas con lazos rosa, la mujer por otro lado, se levantaba por las mañanas a cumplir con viejos roles de papel. Sonreía a los extraños, tomaba su cuaderno. Horas de representar caretas, de inventar nuevas máscaras en una tierra repleta de engaños. La niña sólo jugaba a ser niña y a no crecer. Y en los pliegues de su vestido yacía la inocencia pura, el miedo a perder el sueño y la felicidad. ¿Qué diferenciaba a la niña de la mujer? Etapas recorridas, extraversión al mundo. Una se disfrazaba, la otra se escondía en la oscuridad.

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