
Un pasillo lleno de personas. Extraños y sus risas, copas vacías, copas por cargar. Y entre tanta noche oscura, y media luna, tú eras mi único conocido, y a la vez, el ser más lejano de la atmósfera viviente. ¿Qué ironía no? Se me hace difícil creer. Me cuesta confiar, no pensar. Por un minuto tengo tus ojos, conozco su forma, sus colores, cada espacio y cada letra, y al siguiente no sé de quién son, si alguna vez te pertenecieron. Y lo mismo me pasa con tu boca. ¿Cómo creerle a tus labios si hay tanto que no sé? Mentiras piadosas, omisión de información. Y entonces todo lo que sé de ti es puesto en duda. No sé si eres tú, o un extraño más. Pierdo los límites de tus manos y las mías, pues tu figura está en un polo y yo pareciera correr hacia el camino inverso. Pero no es más que mi mente, lo que mis ojos piensan al ver los tuyos. Sólo dime algo, ¿por qué?
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