
Accidente y la línea de la muerte. La máquina que se apaga y el aire que se va de a poco para dejar la boca seca y el mundo en silencio. Así sintió despertar aquel día. Con una luz blanca a lo lejos, y su cuerpo que caminaba solo desde su cama hasta el jardín. Echaba de menos las lunas, los tiempos de descanso acostada en el pasto, y unos besos furtivos que ya se habían escapado de su reja. Y el alma vagaba sola. Su pecho yacía tieso. ¿Quién le había robado la vida? Al parecer ella misma se la había quitado. Y bajo el tren sólo estaban las cintas de sus trenzas, y un boleto con destino a parajes indómitos. Y en la tierra un gusto amargo, con promesas de un regreso casual.
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