
Entrégate al vacío. Lánzate al poder del beso de las flores y al roce de los vientos como un aire rejuvenecedor. No como mensaje de la muerte. Que tus alas se agiten libres con el ritmo de las estrellas y que brillen, refulgentes, en su contraste diario con el sol. Que tu rostro advierta la dulzura que aquellas tierras os otorgan, para así danzar hasta el amanecer y soñar hasta el infinito. Regocíjate. Vuelve a creer. Abrázate a todo misterio. A la luminosidad que proviene del seno de la luna. No llores más, no hay por qué sufrir aquí.
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