
Tu fuego se deshace en mi boca y juntos lo volvemos a inventar. Sudor dulce. Noche de hilaridad. Lágrimas suaves nos recorren la piel, nos dan a beber la felicidad de la vida. Y tu dedo atraviesa mi ombligo y tu mano descubre mi ser. Dibuja cada contorno, aprende a querer. Deseamos la sangre. Mordimos y besamos hasta el amanecer. No hacían falta las palabras, tú tenías mi sueño y yo tu hambre de amar. Y me tuviste y yo te tuve. Y nuestros ojos se peleaban las ganas de gritar, de abrazar la furia. Después la paz... y nada más que el sabor de tu cuerpo junto al mío.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario