
Lluvia inesperada. Nada más que agua cayendo con intensidad. Y aún así es el reflejo del alma. Llueve justo en un día en que todo parece ir mal. Minuto en el que el corazón se siente empobrecido. Se puede percibir cómo el frío se apodera del aliento de vida, congelándolo todo a su paso mientras la hierba se alimenta de la furia del cielo. Y sus cabellos chamuscados profieren gritos de dolor, y las nubes con aires de venganza arrasan con la tierra y con todo lo que se interpone en su camino. Tristeza. Melancolía. Revisión de errores. Temor profundo. Y la niña intenta refugiarse de las heridas que quedan en las raíces como marcas de angustia infinita.
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