
Temerosa en un día nublado. Donde los cadáveres suenan en trompetas malolientes su quejido, hay recovecos, pasillos torcidos. Y vestida de negro llora su ausencia, siempre fue abandonada, en albas soterradas y lunas calcinadas. Se le queman los ropajes, se le deshacen en el viento aguerrido. Y entonces se muerde la lengua, y sus labios marchitos, luego pierde el habla. Escoge una tumba, una con rosas muertas y negras, dibuja una línea en la tierra. Y allí cierra los ojos, con su cabeza apoyada en una almohada roída. Qué hay en su cabeza.. gusanos podridos, y una pesadilla más horrenda que la triste realidad de su pobreza.
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