
Eran hombres de tiza, un montón de juegos inciertos y poemas confusos. Querían ganarse su mano, y la oportunidad de besarle los labios. Y sin embargo la niña iba triste, apagada por los caminos, sin príncipe ni bailes. No tiene quién la acompañe, en la soledad de sus fantasías. Le dan castillos y cielos, cuando ella quiere algo más verdadero. Y su vestido va suave al viento, y en sus ojos de lágrimas se refleja blanca la luna. La niña no quiere más fortunas ni anillos, quiere alguien que la comprenda. Quiere salir al baile, que le den un corazón.
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