
Con las cosas más pequeñas uno puede disfrutar del día. Es difícil creerlo. Uno suele dejarse abrumar. Abandonarse cuando hay tiempos que no son tan buenos, o épocas en las que pareciera llover sobre mojado. No sé por qué es una constante del ser humano... en nuestro lado negativo somos demasiado vulnerables, poco tolerantes a la frustración y llenos de miedos. A la menor duda, incertidumbre, nos perdemos, nos desconsolamos. Y sin embargo, el cielo tiene más colores aparte del gris, hay que salir a buscarlos, y luego uno mismo pintarlos en el infinito. Yo tuve unos días tranquilos, bien acompañados, colmados de risas. Eso quería, reírme hasta cansarme, hasta de me doliera la guata y mis ojos llegaran a llorar de la risa. Nada más que detalles bastan. Nada más que tener las ganas y la intención de querer estar bien y aprovecharlo hasta que acabe. Hasta la última gota de mistral, hasta la última carta del naipe, hasta el último beso.
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