Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

domingo, 4 de diciembre de 2011

Lentejuelas

Aquellos días gloriosos se han ido. Esos donde me sentía brillar, aún cuando no estuviera vestida de lentejuelas. Se han quedado guardados en un baúl de escarlata, esperando, el clima apropiado, o talvez, una certeza que parece no poder asistir a la celebración. La sonrisa típica, esa que sólo era mía, ya no lleva mi nombre, y cada vez me cuesta más traerla de la memoria. Un esfuerzo sobrehumano. Un poco de ficción. Las cartas de siempre. Tanto que ya no es lo mismo, que no me pertenece. Que no lo siento parte de mi corteza, ni de mi relleno. Como si no fuera yo, sino otra, alguien más. Una ola cambiante a la deriva. Y ahora, el traje de fiesta está en el fondo del guardarropa, con la luz apagada, en una soledad casi siniestra. Está olvidado junto a los tacones, y los labios de rojo. Y yo, me he quedado durmiendo en una incubadora, esperando, el azar, o talvez, una mitad de historia sin escribir. Como si alguien más se levantara por las mañanas para vivir por mi. 

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