Un domingo de esos donde te planteas el propósito y destino de muchas cosas. Descubres que para ciertos aspectos, el tiempo es invariable, casi inmóvil. Y que aún cuando uno desee en demasía que caminen y naveguen, no se puede. Están escritos en milenios, no en segundos, ni minutos. Hay que saber aceptar y entender con humildad, que ciertas cosas simplemente no están bajo nuestro gobierno. Ni apuro, ni voluntad. Sólo suceden. Y no siempre hacia al objetivo que queríamos. A veces se dibujan otros caminos alternativos, que si luego aprendes a mirar bien, algo bueno traen, talvez, incluso mejor de lo que esperábamos. Y de repente, todo vuelve a tener sentido, uno que al comienzo parecía ilógico y absurdo, y que, después de las vivencias, adquiere un nuevo significado. Creo que lo he dicho hartas veces, pero en los momentos actuales me llena de paz saber que todo lo que hay, es el camino, por lo tanto, sólo hay que vivir, aunque a veces no tengamos tan claro el curso, el destino o los motivos. Lo que tenga que suceder, sucederá. Cada cosa tendrá a su tiempo, un sentido.

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