Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Últimos deseos

El año casi se acaba, con todos sus pormenores y vaivenes. Con las escaladas y declives. Quién pensaría que en un año pueden pasar tantas cosas, infinitas en número y razonamiento. La mayoría, sin atisbo de lógica, pero al fin, aprendizaje, cada una de ellas. Tantos deseos y proyectos que tenía, sueños que nacían en la cabeza y el corazón, creciendo de inocencia y fantasía,  para luego darme cuenta de que no todos se podían cumplir, aún cuando yo los persiguiera como volantín en la pradera. Simplemente, algunos se me iban a escapar, volando lejos. Ha sido complejo, asistir a la realidad con la consciencia. Poder aceptar, en tranquilidad, paciencia y con humildad. Volver a maravillarse. Y no autocompadecerse. Este año ha sido un viaje largo, en todos los sentidos. Un camino de intenso trabajo, profesional y personal, de autoconocimiento, de no conformarse con las cosas sólo porque las tenemos a la mano. Me ha tocado reescribir los guiones, a veces con dolor, y en otros momentos, con más calma. Y finalmente, no todo es como nos gustaría, esa es una verdad de la vida. Sin embargo, pronto viene otro año. Con papales en blanco para empezar a escribir de nuevo. Y a lo mejor, con algunas suertes por echar. Talvez, las probabilidades aumenten y tenga que pensar en otros sueños que salir a buscar. O talvez no. Quizás sea triste decir esto, pero no espero demasiado. Sólo quiero poder disfrutar de todo lo que esté por venir, y  que la gente que me rodea reciba bendiciones y vibras positivas. Lo que tenga que suceder, habrá de hacerlo. A mi, me tocará sonreír lo más alto que pueda y respirar lo más profundo que alcance. 

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