Una poesía libre, al descubierto. Sin tapujos ni ataduras. Sostenida en una caricia sin límite de tiempo. En el fuego, fundiéndose en el aire. Alimentándose del cáliz, saboreando el mar en su osadía. Sube, se convierte, grita tu nombre, se vuelve sobre su espalda para mirar el sol destellando paraísos como azucenas. Se levanta sobre sí misma, se rodea en la estrella de la mañana para luego soltarlo todo. Lo libera. Observa distinto. Más amplio. En convergencia. Se expande la luz. Abraza la existencia. Cierra los ojos. Suelta el lápiz, los cabellos. Acepta y construye. Finalmente, descansa la poesía en un sueño, o en el sueño de un sueño, libre, al descubierto.

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