Un respiro extraño en un cuerpo distinto. Como sentir que todo corre afuera de la ventana mientras tu cuarto yace detenido en el tiempo, dormido, sin ser descubierto. Las persianas están cerradas. No hay frío ni calor, no hay nada. Sólo un sueño desaventurero en un frasco de arena de mar. Cada reliquia capturada en un vidrio que hierve al fuego deslizante. Que va tomando forma en un trueno. Y luego, la lluvia imperceptible, sobre la herida, encima del viento, dentro de la coraza de hielo.

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