Adoro la gran familia que tengo, llena de tradiciones, de magia, con su globo de deseos y esperanza subiendo al cielo. Las ganas de estar reunidos, el abrazo, la alegría. La inmensa dedicación y esfuerzo que cada uno coloca para lograr que la navidad sea una noche colmada de ilusiones, y no sólo un día más. Para cocinar algo rico y que estemos todos juntos compartiendo la belleza de la vida, la bendición de hacer familia. Adoro la fantasía que se despliega en la sonrisa de los sobrinos chicos, no pudiendo creer al viejo pascuero que viene montado en la camioneta desde la calle, a dejarles los regalos. La locura de bajar los obsequios y empezar a entregar amor. Adoro saber, que después de todo el tiempo que ha transcurrido, de nuevas personas que comienzan a participar, y otras, que ya nos han dejado, que la familia siempre está ahí, para poder acoger palabras de tristeza y recuerdo, y también, para disfrutar el amor y la compañía. Que como mi familia, estoy segura de que no hay ninguna.

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